Los hijos del Padre
Cuenta la historia que en un principio Dios creó este planeta. Cuando estuvo listo, y ya las últimas notas de sus melodías de creación se disolvían en el éter llamó a sus hijos… aquellos espíritus, los Puros, expresión de su Padre, que con el Amor de su Unión sembraban la Vida en todos los rincones del universo.
Los hermanos eran cuatro. Ma y Au eran la parte femenina, mientras Lin y Feu expresaban la parte masculina.
Ellos se presentaron ante el Padre, que con su bendición de Luz y Amor los envió al nuevo planeta.
El primero en descender fue Feu, el más poderoso de los cuatro, cuyo impulso y gran energía encendía todas las cosas. Y envolvió al planeta con su fuerte irradiación, y mucho tiempo ardió el nuevo globo con ese abrazo amoroso que duraría por siempre.
Cuando el tiempo se había cumplido, llego la más sensible de sus hermanas, Au, que aunque suave y delicada, tenía el poder de sosegar la energía de su hermano Feu, que a veces parecía no tener fin.
Entonces descendió la dama sutil y con su frescura disolvió de a poco el impulso de su hermano, y éste se retiró al interior del planeta. Ya había dado el impulso primero, y ahora sería el corazón palpitante que mantendría todo vivo.
Au, luego del suave descenso y de su arduo trabajo, se expandió por casi todo el planeta, y lo ocupó con su transparente y sutil expresión.
Pero no olvidó a Ma, que venía detrás de ella. Así que sin ocupar todos los espacios, dejó lugar para su hermana.
Y llegó el noble espíritu, amante del Amor y de la Vida, protectora y suave madre que todo lo da.
Y agradecida llenó los espacios, y decidió ser el fértil nido donde todo pudiera ser y nacer.
Juntas, Ma y Au, le dieron nacimiento a todo lo demás. La sensibilidad y belleza de ambas se expresó en el más bello jardín. Y Feu, desde su lugar, continuaba dándole impulso y vida a todo aquello.
Y por último llegó Lin. Y encontró la perfección con que sus hermanos habían sembrado la Vida, y en su alegría tanto rio, que desde ese momento llenó todos los espacios, y fue la energía que mantuvo las cosas en movimiento.
Liviano e inquieto, quiso ser el agente que llevara lo necesario a cada lugar, en cada momento. Y estaba dispuesto a cambiar las cosas siempre que fuera necesario.
Y sus hermanas se lo agradecieron, pues les era necesaria la transformación de los mismos hijos a los que les daban nacimiento. Y entonces surgieron infinidad de formas de Vida que hicieron del planeta un jardín desbordante de Amor y energía.
Los cuatro espíritus, dichosos en su labor, nunca abandonaron su estadía en la hermosa Tierra.
Y si quieres, puedes ver a Feu cantando en las llamaradas de una hoguera, que son iguales a sus cabellos.
O puedes descubrir a la bella Au en la lluvia, en el rocío, o en el océano que es su morada.
Y a Ma, que arrulla los sueños de todo lo que pide ser amado, la puedes besar y ver en una flor, en un árbol y en el fruto que alimenta tu cuerpo, que también le pertenece.
Y si quieres oír a Lin, escucha el viento, o busca la unión en el vuelo de una mariposa pues él allí reside.
Los conoces, están en Ti y en Todo.
Y en esta Tierra, el jardín que ellos crearon, los llaman Fuego, Agua, Tierra y Aire.
Por eso, les cantamos a los elementos…
pues son los padres de todas las cosas…
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