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Para los padres

 

Conciencia de algodón

Había una vez un hombre que había cosechado tres capullos de algodón muy sanos y fuertes. Tal era la blancura que tenían, que parecían irradiar luz, y su suavidad era incomparable.

El hombre los amó desde el principio, admirado de la belleza de los capullos que representaban la pureza viva.
Y decidió cuidarlos para mantenerlos siempre con su luz propia.
Entonces los puso en un lugar seguro al reparo de la tierra y de cualquier cosa que los pudiera ensuciar.

Pasó el tiempo y llegó el momento en que todas las personas entregaban sus capullos para que las máquinas hilanderas transformaran el puro algodón en hilo apto para la construcción de telas.

El hombre vaciló.

Pero recordando todo el proceso, supo que así, sus capullos perderían la luz y la pureza que hasta ahora conservaban.

Primero cambiarían su forma, transformándose en finos hilos, luego serían hermosas telas, de las más variadas, y con los más vistosos colores.
De las telas se harían atractivas prendas admiradas en los mercados a los que acuden los hombres.

Todo resultaba tentador, pero como el hombre echara un vistazo a sus blancos capullos y los viera casi chispeantes de luz, supo que no había comparación que hacer, pues que la pureza que ellos habían conservado no tenía valor alguno.

Así que decidió conservarlos tal cual estaban.

Pasó el tiempo, y un día en que el hombre había puesto sus capullos al Sol, un viento muy fuerte los llevó a volar tan lejos que le fue imposible recuperarlos. Sufrió su pérdida y dudó pensando si no habría sido un error aprovecharlos textilmente, ya que ahora ni siquiera los tenía.
Lo cierto es que los capullos detuvieron su vuelo en el lugar justo y con la bendición de una lluvia, descubrieron sus semillas vivas que esperaban su momento para brotar y ‘expresarse por completo’.

Y bendijeron al buen hombre que en su intuitiva admiración hacia ellas las había conservado puras y así hoy su ESENCIA que esperaba, había podido SER.

“Si la esencia de todas las cosas pudiera ser conservada en su pureza, esta Tierra brillaría con luz propia y ya no habría más oscuridad.

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